Enfoque en la coloración sin oxidante

Aunque teñirse el cabello se ha convertido en una práctica totalmente cotidiana,tanto que la mayoría de los consumidores confían en los tintes que se ofrecen en los supermercados o en su peluquero sin hacerse demasiadas preguntas, estos productos merecen, sin embargo, una atención especial. En este artículo te explicamos por qué deberías abordar con cautela los agentes oxidantes presentes en los tintes químicos.

El oxidante, ¿qué es en realidad?

El oxidante es un componente esencial de la coloración capilar convencional, es decir, química. Consiste principalmente en peróxido de hidrógeno, que abre la cutícula del cabello y permite que los pigmentos sintéticos penetren en su interior. Existen cremas oxidantes con o sin amoníaco, ¡pero cuidado con la publicidad engañosa!

Cuando un tinte se etiqueta como “sin amoníaco”, este se sustituye necesariamente por otra molécula química que cumple la misma función, a menudo mucho más perjudicial. El amoníaco ha sido demonizado por su olor fuerte e irritante, pero en realidad se trata de un gas presente de forma natural, a diferencia de sus sustitutos.

¿Por qué deberías evitar los tintes con oxidante?

Porque se aplican directamente sobre el cuero cabelludo, una zona del cuerpo cubierta por una piel muy fina y altamente vascularizada, los oxidantes, y las coloraciones de oxidación en general, son perjudiciales para la salud. Estudios recientes han establecido, por ejemplo, un vínculo entre el uso frecuente de tintes químicos y un mayor riesgo de cáncer de mama en mujeres.

Además, estos tintes capilares conllevan un alto riesgo de alergia. La mayoría de las coloraciones de oxidación disponibles en el mercado contienen parafenilendiamina (PPD), un ingrediente altamente alergénico que puede provocar reacciones graves y severas.

El sector de la peluquería recuerda todavía el caso de Estelle, una estudiante de 19 años que estuvo a punto de morir por asfixia tras usar una coloración de oxidación. La joven compartió en su momento impactantes fotos de su rostro completamente hinchado después de haber sido hospitalizada a causa de una reacción alérgica severa a la PPD, imágenes que pusieron en evidencia los peligros de esta sustancia.

Hoy en día, se estima que entre el 2 y el 3 % de la población es alérgica a la PPD, y el Institut National de Recherche et de Sécurité (INRS) considera esta sustancia tóxica por inhalación y contacto cutáneo. La American Contact Dermatitis Society, una organización estadounidense especializada en el diagnóstico y tratamiento de la dermatitis, incluso declaró a la PPD como el “alérgeno del año” en 2006.

Además de sus efectos nocivos para la salud, los tintes capilares convencionales también son perjudiciales para la fibra capilar: al abrir la cutícula, alteran de forma permanente la estructura del cabello. Con cada aplicación, el cabello pierde calidad: se reseca, las puntas y largos tienden a romperse con facilidad y se pierde el brillo. A esto se suma el conocido “efecto raíz”, ese antiestético “efecto código de barras” que se nota especialmente en el cabello blanco, obligando a teñirse con mucha frecuencia y creando un verdadero círculo vicioso.

Otro argumento de peso: los tintes de oxidación no son biodegradables y, por lo tanto, resultan dañinos para el medioambiente. Elegir un color sin oxidante significa también contribuir a la protección del planeta, en particular a la preservación de las aguas subterráneas.

Una sola solución: la coloración vegetal

Contrario a lo que afirman los grandes nombres de la industria cosmética convencional y la publicidad, solo existen dos tipos de coloración capilar:

Todas las supuestas formas intermedias, como la “coloración semi-vegetal” o la “coloración tono sobre tono”, son simplemente engañosas: o bien una coloración necesita ingredientes químicos (incluido el famoso oxidante) para teñir la fibra capilar, o está compuesta exclusivamente por plantas tintóreas puras, 100 % naturales, a las que únicamente se les añade agua.

A partir de aquí, reconocer un tinte de oxidación resulta sencillo: si la coloración está compuesta por varios productos que deben mezclarse antes de su aplicación (por ejemplo, una “crema” y un “revelador”), se trata de una coloración de oxidación. Una coloración vegetal, en cambio, suele presentarse en forma de polvo; las plantas colorantes naturales se secan y muelen hasta convertirlas en polvo para liberar todo su poder.

¿Y qué pasa con la decoloración?

Aquí también el abuso y el greenwashing están muy extendidos. A pesar de las tentadoras promesas de algunas campañas publicitarias, es simplemente imposible decolorar el cabello de manera 100 % natural: la decoloración significa, por definición, eliminar la pigmentación natural de la fibra capilar. Ninguna planta es capaz de hacerlo. Por eso, una verdadera coloración vegetal nunca podrá aclarar el cabello. Aportarle reflejos dorados y más luminosidad, sí. Aclararlo, no.

Hoy en día existen productos de decoloración que son menos agresivos que los de hace algunos años y que suelen estar enriquecidos con ingredientes minerales como la arcilla. Si hay que decolorar, es preferible optar por estas fórmulas más suaves para el cabello. Sin embargo, hay que ser consciente de que la base de su formulación sigue siendo química. Estos productos necesitan peróxido de hidrógeno para funcionar: una decoloración sin oxidante es simplemente imposible.

En resumen…

La decoloración sin oxidante (es decir, aclarar el cabello sin un agente químico) es lamentablemente imposible. No obstante, existe una alternativa a la coloración de oxidación: la coloración vegetal. Es la única coloración sin oxidante disponible en el mercado, ¡y sobran los motivos para elegir la opción natural!

La coloración vegetal no solo es 100 % saludable y 100 % biodegradable, sino que envuelve delicadamente el cabello con sus pigmentos y preserva la estructura capilar. ¿El resultado? Un cabello naturalmente hermoso, fuerte y resistente. Apostamos a que ¡no querrás volver atrás!

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