¿Pero al final, para qué sirven estos aceites esenciales? ¿Y cómo se utilizan?
Vamos a ver juntos en qué pueden realmente ayudarnos estos pequeños frascos en nuestra vida cotidiana.

Propiedades

Estas sustancias tan particulares poseen propiedades físicas y emocionales. ¿Qué producto “químico” puede decir lo mismo?

Los aceites esenciales son prácticamente todos, en grados diferentes, activos contra bacterias, virus y hongos. Algunos son también antiinflamatorios (Eucalipto limón, Gaulteria…), otros estimulan la inmunidad (Limón, Ravintsara…), o son cicatrizantes (Lavanda fina, Zanahoria…), antiespasmódicos, fluidificantes sanguíneos, descontracturantes, antidolor, depurativos, reguladores hormonales, descongestionantes… Incluso poseen acciones repelentes contra insectos, antiparasitarias (¡pensamos en nuestros enemigos, los piojos!), antialérgicas… Según las moléculas específicas que contienen, algunos aceites esenciales tendrán numerosas actividades diferentes. Por lo tanto, se pueden usar en muchos ámbitos.

Además de estas propiedades físicas notables, los aceites esenciales tienen todos una acción sobre nuestro estado de ánimo. Son ya sea tónicos (Pino silvestre, Abeto balsámico, Menta piperita…), o calmantes (Mandarina, Lavanda fina, Bergamota…), pero algunas veces, según la dosis utilizada, ¡pueden ser tanto tónicas como calmantes! (Romero, Ravintsara…).

Todos poseen un aroma característico que influirá en nuestro comportamiento. Algunos nos parecerán desagradables y por lo tanto no tendremos tendencia a usarlos, mientras que otros serán directamente cautivadores, llevándonos a un profundo bienestar. Evidentemente, esto será muy individual, y cada persona elegirá sus aceites esenciales según sus gustos y deseos.

Ahora que sabemos que prácticamente lo pueden hacer todo, veremos que podemos utilizarlos en muchos ámbitos diferentes.

Usos

Antes de cualquier uso, ¡no olvides la prueba cutánea para ver si tu cuerpo “acepta este aceite esencial”!

Reglas básicas:

Se usan gota a gota!

1 ml de aceite esencial ≈ 30 gotas

1 cucharadita ≈ 5 ml (=150 gotas)

Los aceites esenciales se pueden usar:

  • Para la piel: masajes, fricciones, baños.

Masajes: dilución en un aceite vegetal a razón de 0,5 a 3% para el rostro, 3 a 4% para el cuerpo (masajes no terapéuticos) y 3 a 40% para el cabello.

Baño: dilución en una base para baño o sales de baño.

  • Por la boca: tratamiento oral, gárgaras, uso culinario.

Siempre diluido con miel, aceite vegetal (tipo oliva), comprimidos neutros o un dispersante específico (Disper o Solubol).

De calidad biológica, podemos usarlos en la cocina (bizcocho de limón, galletas de lavanda…), pero ¡respetando las dosis! (≈ 1 gota para un plato de 5/6 personas).

Recetas en : http://roseandcook.canalblog.com/archives/huiles_essentielles_et_cie/index.html ; http://www.biogourmand.info/index.php/2006/08/05)

  • Por la nariz: inhalación seca (en un pañuelo) o húmeda (bol de agua caliente), difusión atmosférica.

Atención: no todos los aceites esenciales se difunden. Algunos son demasiado irritantes.

  • Por vía rectal (supositorios) o vaginal (óvulos).

Para usar bien los aceites esenciales, hay que conocerlos bien. Por eso, se recomienda consultar a un aromaterapeuta o utilizar productos “listos para usar” ya probados y seguir siempre las precauciones de uso.

Cada vez encontramos más aceites esenciales en lo cotidiano (pasta de dientes, productos de limpieza, geles de ducha, medicamentos, champús…). Muchos laboratorios se jactan de utilizarlos, pero atención: a veces los aceites esenciales están presentes solo en dosis mínimas, o incluso no están presentes. Consejo: mira siempre bien las composiciones, porque a veces los productos no son tan naturales como parecen.

¡Buen uso!

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